Carla Fardella: “No a todos los profesores les afecta igual el trabajo telemático”

En un encuentro virtual del CIDEP, la académica reflexionó acerca de las prácticas y vulnerabilidades del actual trabajo académico.

En el marco de las actividades del CIDEP/FACEA, y ante una asistencia de más 70 personas, la académica e investigadora de la U. Andrés Bello, psicóloga, Carla Fardella, realizó una conferencia virtual en la que se refirió a las prácticas y vulnerabilidades del trabajo telemático. El encuentro, que reunió a académicos y estudiantes tanto del mundo universitario como laboral, tuvo por objeto compartir la mirada de la profesional experta en materias de subjetividad laboral, cotidianidad y procesos de trabajo, respecto de cómo los chilenos hemos enfrentado y cómo nos afecta esta nueva realidad del teletrabajo.

La académica inició su intervención señalando que no a todos afecta de la misma forma la nueva realidad que supone el trabajo a distancia, “hay una gran desigualdad en las condiciones de trabajo y en las aproximaciones al trabajo virtual entre los académicos. Las condiciones, por ejemplo, de las madres respecto de las preocupaciones del hogar, sin duda constituyen una evidencia concreta que las diferencias de género influyen en el trabajo desde la casa”. Asimismo, la investigadora aseguró que también se pueden encontrar diferencias etarias, hay personas que se manejan mejor con los recursos digitales, en cambio puede haber una generación que le resulte mucho más difícil comprender y abordar el fenómeno.

Respecto a la educación superior, Carla Fardella señaló que las clases a distancia usando distintas plataformas digitales no debe ser una sorpresa. “De hecho, -afirmó la conferencista- las universidades pudieron adaptar sus programas en forma muy rápida y capacitar a los profesores para cambiar el modo de trabajo. Lo sorprendente puede ser no haber estado mejor preparados”, aseguró.

“Una de las conclusiones que podemos sacar de todo este proceso, es que pareciera que la clase presencial finalmente no es la única forma para vehicular el conocimiento ni la verdad académica”. “Sin duda -continúa Fardella-, esto ha significado una redistribución de poder en la relación profesor-estudiante, situación que ciertamente no ha decantado del todo”.

Carla Fardella, es psicóloga y doctora en psicología social de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigadora asociada del Centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder.

FUENTE: Comunicaciones FACEA.

Publicado lunes 01 de Junio 2020.

 

Chile obtiene calificación insuficiente en materia de transparencia fiscal

Así lo dice la encuesta global realizada en 2019 por la Fundación Observatorio Fiscal que fue presentada esta semana en Webinar CIDEP/FACEA. 

 Más de 60 personas asistieron a la conferencia organizada por el Centro de Investigación en Innovación, Desarrollo Económico y Políticas Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (CIDEP/FACEA), ocasión en que se realizó la presentación "Resultados de Chile en Presupuesto Abierto 2020: Gasto público en tiempos de crisis social y económica" a cargo de Jeannette von Wolfersdorff directora Ejecutiva de la Fundación Observatorio Fiscal y de Manuel Henríquez, investigador de dicho centro de estudios. 

En su exposición central, el investigador Manuel Henríquez detalló la última encuesta realizada en 2019 a más de 120 países, respecto a la transparencia del gasto fiscal, cuyo resultado señaló, “no es bueno para Chile, ya que queda ubicado bajo el promedio de suficiencia en los distintos aspectos evaluados por el estudio cuales son transparencia, participación y vigilancia presupuestaria”. 

En el primer aspecto, Chile obtiene 55 puntos (100 es el máximo, siendo 61 el estándar de suficiencia), por debajo de países como Brasil (81) y México (76) y la OCDE (79). En participación, Chile tuvo una puntuación de 9 puntos, por debajo de países como Ecuador, Argentina y Bolivia; esta área busca develar si existen oportunidades formales y significativas para que los ciudadanos intervengan en el proceso presupuestario. Y el tercer aspecto, Chile se ubicó con una puntuación de 56 sobre 100, cuyo puntaje según el IBP es reflejo de una vigilancia limitada del presupuesto por parte de los órganos fiscalizadores en la materia (Contraloría General de la República y el Congreso Nacional). Esta parte del International Budget Partnership, trata de conocer, si efectivamente los órganos competentes como la Contraloría y el Congreso realizan la vigilancia pertinente al presupuesto. 

Por su parte, la directora del organismo, Jeannette von Wolfersdorff explicó que la Fundación tiene por objeto informar a la opinión pública respecto de la eficiencia del gasto público, y cómo se usan los recursos del estado, mediante el análisis de datos y el trabajo colaborativo. 

“Si bien los datos utilizados son públicos, muchas veces son de difícil recopilación y procesamiento. Tomamos los datos, analizamos sus tendencias y patrones de comportamiento, y generamos diversos productos amigables que se conviertan en información transparente para que distintos actores de la sociedad civil y la ciudadanía en general conozcan cómo se gastan los recursos públicos, cuál es su nivel de eficiencia y su grado de transparencia en la rendición de cuentas hacia la sociedad. En definitiva, transformamos los datos en información y conocimiento para fortalecer el monitoreo ciudadano y el desarrollo de mejores prácticas que contribuyan a un mejor gasto público hacia las personas”, aseguró la investigadora. 

En sus palabras de bienvenida, el profesor Patricio Herrera, director del CIDEP y académico de la Escuela de Ingeniería Comercial, agradeció la presencia de los invitados y la asistencia a la conferencia tanto de académicos, investigadores como también de alumnos, dado el  interés en conocer este trabajo por la relevancia que tiene para las políticas públicas y la construcción presupuestaria del país, los niveles de transparencia, participación y vigilancia de los mismos, ya que debe ser la propia ciudadanía la que impulse nuevos estándares de eficiencia en el gasto público. 

Más información acerca del estudio pueden revisarlo aquí: 

https://observatoriofiscal.cl/Informate/Repo/Chile_en_la_Encuesta_global_sobre_el_Presupuesto_Abierto     

FUENTE: Comunicaciones FACEA.

Publicado lunes 25 de Mayo 2020.

Publicación Académico Juan Egaña en el diario "El Mostrador"

El país tiene hambre…de empatía

Señor Director: 

La difusión a través de los medios de comunicación de las protestas producidas por la cuarentena en sectores postergados de Santiago y la proyección lumínica de la palabra “hambre” a un costado de la Torre de Telefónica en Plaza Baquedano, generaron una ola de críticas, las que iban desde el anuncio de querellas hasta acciones que buscaban bloquear la exhibición de nuevas imágenes en el centro de la ciudad. Los opositores a estas acciones acusaban la participación de agitadores políticos que se aprovechaban de la compleja situación que vive la Provincia de Santiago desde el decreto de confinamiento total anunciado por el gobierno a partir del 13 de mayo.

Más allá del debate de trinchera, muy usual desde las movilizaciones de octubre del 2019, es relevante preguntar si la cuestión está referida solamente a cómo se aborda la gestión de la pandemia, o revela además, la dificultad que tienen muchos chilenos y chilenas, autoridades incluidas, con empatizar con los problemas que experimentan sectores importantes de la población del país.

La noción moderna de empatía, según el economista Jeremy Rifkin, surge en el siglo XIX desde la estética para referirse al efecto emocional y sensorial que producía en el espectador presenciar una obra de arte. Con la expansión de la psicología en el siglo XX,  la empatía se convierte en objeto de análisis científico y pasa a ocupar un lugar importante en los estudios sobre el comportamiento social y organizacional. Para Rifkin la empatía será “la voluntad del observador de tomar parte en la experiencia de otra persona y de compartir la sensación de esa experiencia”.

En 1996, el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti descubrió accidentalmente las neuronas espejo, demostrando que los seres humanos están constituidos por neuronas que son capaces de reconocer al otro como un igual y que predisponen a los sujetos a empatizar con los demás. Experimentos posteriores dejaron en evidencia que los individuos pueden sentir la felicidad y el dolor de otros no por una convención social, sino como una experiencia orgánica vital. Este hallazgo no solamente implicó un avance significativo para la biología, sino también tuvo efectos de gran alcance en otras áreas al punto de rebatir la supuesta naturaleza competitiva del ser humano que explicaría, entre otras cuestiones, sus modos de organizarse en sociedad.

La pandemia que azota al mundo impone gigantescos desafíos y esfuerzos para los cuales no existía preparación ni anticipación prevista; no obstante, para poder salir de la crisis sanitaria y económica no basta con el trabajo experto en cada área. También implica un gran desafío en modificar las formas de convivencia que tiendan a la cooperación y la colaboración a escala global.

En el caso de Chile, varios reportes nacionales e internacionales ya daban cuenta con anterioridad a la emergencia del covid-19 de los bajos niveles de confianza interpersonal e institucional que existían, lo que constituye una debilidad para quienes deben gestionar y tomar decisiones que requieren necesariamente de un gran compromiso individual y colectivo.

Por ende, no basta con tomar correctas decisiones administrativas para el manejo de la crisis si es que esto no va acompañado de una actitud efectiva de situarse en las preocupaciones y sobre todo en las realidades que experimentan las personas. Desafortunadamente, la manera en que se ha configurado la sociedad chilena en las últimas décadas no contribuye a ello.

Rifkin sugiere que uno de los motivos que conspiran contra la empatía en la sociedad contemporánea es la configuración de estas más como una estructura tribal que una global, diversa e integral. Una estructura tribal se dispone a partir de grupos más bien cerrados que comparten una serie de roles y rituales característicos; pero ajenos a otras tribus, como etnia, religión, atuendos, etc.

En una ciudad como Santiago, y otras del país, constituida por guetos fácilmente reconocibles, parece un ejercicio simple definir tribus y encasillar a las personas en grupos cerrados con escasa conexión con el resto. En este contexto, no se puede observar ni menos practicar empatía, pues los sentimientos, preocupaciones y sobre todo experiencias e historias de vida son muy diferentes a las propias.

En un país donde algunos líderes consideran la educación un bien de consumo y otros servicios públicos reciben un tratamiento similar, que tienden a la segregación y la tribalización, difícilmente se logrará modificar esta estructura que permita recomponer las relaciones sociales basadas en la confianza y la empatía.

Link Nota: El país tiene hambre…de empatía

FUENTE: www.elmostrador.cl

Publicado viernes 29 de Mayo 2020.

 

Dr. Karin Berlien es la nueva encargada de la Unidad de Igualdad y Diversidad del Campus Santiago

Doctora Karin Berlien señala que sus objetivos son generar acciones que promuevan el respeto y el buen trato, y promover la igualdad de género para los tres estamentos. Asimismo, analiza situación de la mujer en la actual contingencia. 

Generar acciones que promuevan el respeto y el buen trato, así como promover la igualdad de género en relación a las condiciones para el desempeño para los tres estamentos son los objetivos principales de la nueva encargada de la Unidad de Igualdad y Diversidad en el Campus Santiago de la Universidad de Valparaíso, Karin Berlien. 

Doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Grenoble, Francia, Karin Berlien es profesora de la Escuela de Ingeniería Comercial, perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Recientemente asumida en el cargo, destaca que “actualmente el Campus Santiago acoge en torno a mil 400 personas (estudiantes, funcionarias/os y académicas/os), que forman parte de cinco carreras de dos facultades de nuestra universidad; por lo tanto, formamos una comunidad compleja y diversa, cuyo sello se aloja en la experiencia de la vida universitaria, ya que la casona y sus patios invitan a la comunidad a cohabitar el espacio universitario”. 

Desafíos del escenario virtual 

En cuanto a los objetivos y tareas de la Unidad de Igualdad y Diversidad, Karin Berlien señala que “a la fecha, el Campus ha sido parte del levantamiento del diagnóstico institucional; ha alcanzado la difusión y puesta en operación del Reglamento sobre normas de conducta ante situaciones de acoso u hostigamiento sexista, así como el año pasado participó generando discusiones triestamentales para la mejora de este; también cuenta con el apoyo de la psicóloga Camila Muñoz para atención a víctimas, y anualmente ha generado una planificación de trabajo triestamental para la prevención de situaciones de acoso u hostigamiento sexual o sexista”. 

Destaca que “yo he sido parte de todos estos procesos, y hoy el desafío tiene que ver con cómo hacemos universidad en un escenario virtual, lo cual tiene ventajas ‒ubicuidad y mayor libertad para la administración del tiempo debido a las cargas de trabajo asincrónicas‒, al mismo tiempo que genera alta exposición y rápida difusión de situaciones de acoso o cyber bullying, que en algunos casos pueden estar encubiertas de anonimato”. 

En este sentido, subraya, “generar acciones que nos permitan sensibilizar a la comunidad respecto al manejo de las redes sociales, como de las diferentes plataformas de trabajo virtual colectivo, es nuestro desafío en estos tiempos. Asimismo, lo es visibilizar las diferencias genderizadas en las cargas de trabajo doméstico y de cuidados, y cómo deben coexistir estas con las tareas académicas, para generar en un futuro políticas universitarias que permitan disminuir las brechas producto de estas”. 

En cuanto a la coordinación de la Unidad de Igualdad y Diversidad en Valparaíso y los Campus Santiago y San Felipe, indica la profesora Berlien que “la Unidad es un equipo en el que siempre hemos trabajado colaborativamente, liderado por Daniela Marzi, y que se despliega en los diferentes territorios en Valparaíso, Viña, Santiago o San Felipe, y que al mismo tiempo también nos vinculamos con otros actores locales, como Prodemu, por ejemplo”. 

Las mujeres en la crisis 

Consultada por su visión, como economista feminista, de la situación actual en Chile, con un estallido social interrumpido por una pandemia, con desigualdades que se hacen muy evidentes y una alta preocupación gubernamental por la economía, la doctora Karin Berlien señala: “Actualmente la situación del confinamiento en los hogares se ve amplificada por las condiciones socioeconómicas que preexisten en Chile, quedando en evidencia la desigualdad de ingresos y del acceso a la tierra, la precariedad de los trabajos remunerados, la mercantilización de los bienes comunes y la privatización de los bienes públicos. Este cóctel se traduce en que los hogares y sus comunidades tienen menor acceso a las condiciones básicas para la subsistencia: al alimento, al agua, la salud y la vivienda. En este escenario son las mujeres, como principales cuidadoras, quienes se ven más expuestas a sufrir producto del hambre, como también por la violencia machista”. 

Asimismo, prosigue, “también somos las mujeres quienes vemos duplicadas o triplicadas nuestras cargas de trabajo al interior del hogar, particularmente para aquellas que somos madres de hijas/os pequeños/as, preescolares o en edad escolar, debiendo asumir los cuidados, la formación escolar y el teletrabajo remunerado, cuando este es una posibilidad. Además de las mujeres, también son las personas identificadas fuera de la heteronorma ‒por su diversidad en la orientación sexual, identidad y/o expresión de género‒ quienes también pueden verse expuestas a mayor discriminación, en sus hogares o en el acceso a la salud”. 
 
Sin embargo, destaca la académica, “para hacer frente colectivamente a las restricciones económicas, también son las mujeres quienes mayoritariamente dinamizan espacios de solidaridad, y hoy se puede observar cómo están reapareciendo organizaciones de la economía popular, como las ollas comunes, canastas solidarias, los ‘comprando juntos’, a la vez que otros espacios más institucionalizados, como las cooperativas de abastecimiento o consumo, mesas de trueque o de donaciones, programas de huertas urbanas y acciones para el cuidado e intercambio de semillas, entre otros. Diferentes formas de hacer economía y que ponen el acento en la reproducción de la vida”. 

Concluye Karin Berlien que “sin duda este tiempo, desde octubre y resonando luego de la crisis sanitaria y económica que prevemos se puede profundizar postpandemia, debe invitarnos a la reflexión-acción. A colectivamente hacer propuestas sobre el rol que creemos debe tener el Estado, en su relación con la economía, la naturaleza, los Derechos Humanos y de equidad de género. Sin duda nos deja un desafío para nuestra universidad pública y laica, más aún en vistas a la nueva carta constitucional”. 

FUENTE: Prensa UV Campus Santiago.

Publicado jueves 21 de Mayo 2020.

 

Andrés Velasco: “En Chile al menos podemos discutir si damos más o menos plata. Hay países que no se pueden dar ese lujo”

Desde Londres el ex ministro señaló en una Conferencia CIDEP/FACEA que esta crisis de la pandemia por Covid-19 “es distinta a todas las otras que hemos tenido”. 

Con una asistencia de más de 150 personas, se realizó la segunda conferencia del ciclo organizado por el Centro de Investigación en Innovación, Desarrollo Económico y Políticas Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (CIDEP/FACEA), en la que el invitado fue el ex ministro ex candidato presidencial, Andrés Velasco, doctor en Economía y decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics de la capital británica, quien desde esa ciudad compartió un análisis económico pero también político de los efectos que tendrá la crisis de la pandemia por Covid-19 en las economías del mundo. Lo primero que señaló es que “Esta es una crisis sin precedentes y distinta a todas las que hemos conocido. El daño que produce por ejemplo un terremoto o una crisis financiera son puntuales, se acaban en si mismos, y no afectan a todos al mismo tiempo o no del mismo modo. Esta es una crisis en desarrollo, no sabemos cuando terminará ni siquiera si estamos cerca de salir de ella”, afirmó el ex ministro de Hacienda del Gobierno de Michelle Bachelet. 

“En segundo lugar, -afirmó el académico- esta es una crisis sanitaria, pero lo es también económica, financiera, productiva, es decir, general sistémica; caerán las exportaciones, y se estima que la contracción bordeará entre el 3% y el 6%”. Asimismo, recordó que nuestro país, a pesar de lo difícil que le será enfrentar esta crisis, tiene su economía sana. “Durante mucho tiempo hemos tenido una política fiscal ordenada, con ahorros, precisamente para estas emergencias. Nosotros al menos, podemos discutir si damos más o damos menos, lo hacemos ahora o más adelante, cuando haya más información respecto de los alcances de la crisis económica; en cambio, hay países, como Argentina o Venezuela que están cerca del default financiero, no tienen plata para dar a su gente”. 

Aseguró que, desde el punto de vista político, le preocupan las soluciones mágicas que empiezan a dar algunas personas. “El populismo autoritario es el peor enemigo de una política seria para enfrentar los problemas del futuro, en ese sentido debemos estar alertas para defender nuestras democracias. Hay varios ejemplos de estos populismos, uno es Venezuela o Brasil, pero también se advierte en EE.UU. con Donald Trump, en México con López Obrador, con Erdogan en Turquía o Duterte en Filipinas”. 

El profesor Patricio Herrera, director del CIDEP, agradeció la presencia del decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics, y manifestó la importancia que tiene para la Escuela de Ingeniería Comercial, la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas y la Universidad, la realización de estas instancias que “nos permiten reflexionar acerca de estos temas, sobre todo en un momento tan importante como el que estamos viviendo, y la pertinencia de que el CIDEP promueva este trabajo más allá de las dificultades objetivas que suponen las medidas sanitarias”. 

Finalmente, el profesor Herrera destacó el interés que concitó la conferencia en sus más de 150 asistentes, entre académicos de la Facultad, de otras unidades de la Universidad y estudiantes, quienes siguieron atentos las palabras del ex ministro. Al cerrar el encuentro recordó las siguientes actividades agendadas del CIDEP para que los que se interesen puedan inscribirse oportunamente. 

FUENTE: Comunicaciones FACEA.

Publicado lunes 25 de Mayo 2020. 

Columna de Opinión del académico Juan Egaña: "Muchos vínculos y pocos puentes: después de la pandemia, ¿qué?"

Las noticias sobre la pandemia que afecta al mundo han generado preocupación e incertidumbre no solo por los efectos que tiene y tendrá en la salud de las personas, sino también por cómo las sociedades se adaptarán a la realidad post COVID-19. No cabe duda que se experimentarán graves dificultades en variados ámbitos, pero la historia ha demostrado que las crisis de esta magnitud también abren espacios para remediar problemas y generar nuevas formas de relacionarse que pueden redundar en un aumento y mejora de la convivencia y la calidad de vida.

Durante la segunda mitad del siglo XX, Pierre Bourdieu, James Coleman y Robert Putman, entre otros, desarrollaron el concepto de capital social para referirse a los beneficios sociales y organizacionales que generaba el establecimiento de redes de confianza y respeto a las normas entre las personas y las instituciones. Por una parte, la confianza reduce la necesidad de control, lo que tiene consecuencias desde los costos necesarios para mantenerlo hasta la tensión que produce el estar bajo el escrutinio de otros; en segundo lugar, el respeto a las normas y la generación de confianza contribuye decididamente en la buena imagen y reputación; por último, la confianza también es un elemento fundamental al que se apela en tiempos de crisis, donde las barreras aumentan y la desconfianza tiene un precio que no siempre se puede pagar.

Putman, en sus trabajos de la década de 1990, reconoce dos tipos de capital social: el capital vínculo o bonding social capital y el capital puente o bridging social capital. El primero está referido a la generación de redes que se dan en relaciones que han compartido experiencias de vida relativamente similares, ya sea en torno a sus actividades profesionales, familiares o de clase social. El capital puente, en tanto, da cuenta de las relaciones que se dan entre los “unos y los otros”, en los que predomina la heterogeneidad y la inclusión de sujetos diversos, la idea del puente hace las veces del conector de esas relaciones alternas.

Las investigaciones en capital social han dado cuenta de que este se ha ido reduciendo en las últimas décadas, debido –entre otras cuestiones– al desarrollo de las redes virtuales en las que los lazos que se establecen tienden a ser mucho más tenues y descomprometidos que los que se dan de manera presencial y directa. Asimismo, la individualización en los proyectos de vida y la menor disposición de tiempo libre para sociabilizar han incidido en este descenso.

El caso de Chile

La experiencia chilena con relación al capital social sigue el patrón de los países que han experimentado crecimiento económico significativo en pocas décadas, dándose la paradoja de que el capital vínculo es cada vez más fuerte, y el puente, más débil o incluso en proceso de disolución acelerada.

El capital puente se obtiene cuando se cuenta con una educación pública de calidad y cuyas máximas expresiones en su momento fueron el Instituto Nacional, cuna de quince presidentes de la república, además de intelectuales, científicos y artistas; y la Universidad de Chile, con presencia en gran parte del territorio nacional y que ha impulsado el desarrollo regional y central con altos estándares de calidad. El aporte del Estado a estas y otras instituciones educacionales ha cedido como consecuencia de un modelo de desarrollo que apuesta a la actividad privada por sobre la integración social, política y cultural que alentaba el Estado.

Tampoco hay capital social puente en los barrios cada vez más segregados y sin espacios comunes de convivencia, ni en los partidos políticos que poseen escasa aprobación y participación ciudadana. Incluso en ambientes populares como los parques de las grandes ciudades, deportes de masas o los espectáculos musicales masivos se observa heterogeneidad, lo que predomina es la segmentación y la reproducción de relaciones entre pares e iguales.

El futuro del capital social después de la pandemia

La cuarentena, una palabra conocida por muchos pero que difícilmente alguien había experimentado en su vida, es desde abril de este año una condición que ha generado incertidumbre, inestabilidad y temor para millones de chilenos(as) a lo largo del país. Muchos han tenido que soportar este periodo en la soledad de su hogar y su único contacto con el exterior ha estado dado por la comunicación a través de las redes online. Este aislamiento obliga a reflexionar sobre la relevancia que tiene para una sociedad en crisis y con problemas estructurales de arrastre, el valor del capital social como un recurso que permitirá a la población reinstalarse en una sociedad muy distinta a la que existía antes de la pandemia producida por el COVID-19.

Si bien, como se describió anteriormente, los años precedentes no fueron muy alentadores para esperar una mejoría del capital social, la misma necesidad de superar y aprender de la crisis podría dar un espacio para que el capital social sea considerado un motor fundamental en la recomposición social, económica y política de Chile.

En este sentido, hay ciertas condiciones que facilitarán el desarrollo del capital social y particularmente del capital puente. En los periodos poscrisis se hace imperioso reconstituir el tejido social y económico, dado el contexto de inestabilidad laboral, escasa liquidez y desconfianza del consumidor. Estos factores obligan a innovar, buscar nuevas formas de asociatividad y aumentar la colaboración entre actores que en ambientes de normalidad tienen a operar bajo condiciones de competencia

Un caso interesante de apreciar al respecto es el crecimiento que ha experimentado en el país el desarrollo de las denominadas “Empresas B”, en las que Chile destaca no solo a nivel regional, sino también mundial. Este tipo de empresas en su definición resaltan su diferenciación con las empresas convencionales por su compromiso con el medioambiente y con la integración social, buscando impactos a nivel local y colaborando con sus clientes en una serie de acciones que van desde la sustentabilidad social, el reciclaje y el mejoramiento de barrios y espacios públicos.

Otro caso interesante que observamos es la masificación de la educación online, que, si bien tiende al aislamiento de los individuos, puede dar paso a un aumento de las oportunidades de personas con dificultades de movilidad tanto físicas como geográficas, integrándolas al sistema educacional del país. Finalmente, la historia contemporánea nos muestra que, luego de periodos críticos y dada la necesidad de dinamizar las economías, el Estado amplía su participación y apoyo a la actividad económica, introduciendo reformas sociales y económicas que tienden a una mayor integración de sectores afectados por la crisis, reforzando, de paso, la organización de los trabajadores en la defensa de sus derechos y de las nuevas condiciones laborales que desde ya son posibles de advertir en el país.

Link a la Noticia: "Muchos vínculos y pocos puentes: después de la pandemia, ¿qué?"

Fuente: Diario El Mostrador.

Publicado viernes 08 de Mayo 2020.